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No. 12/2026
Prot. No. 800/2026
5 de Noviembre de 2026

Circular

“El Señor es el refugio del pobre” (cf. Sal 14,6)

A toda la Iglesia que peregrina en Monterrey, ¡la paz esté con ustedes!

Estimados hermanos y hermanas:

El domingo 15 de noviembre celebraremos la X Jornada Mundial de los Pobres, una ocasión especial para renovar nuestro compromiso cristiano con aquellos hermanos y hermanas que viven en situaciones de pobreza, abandono, sufrimiento o exclusión.

Este año, el Papa León XIV, nos recuerda que Dios nunca permanece indiferente ante el sufrimiento de sus hijos, sino que se hace cercano a ellos y les ofrece consuelo, dignidad y esperanza. Esta certeza de nuestra fe nos invita también como Iglesia, pues estamos llamados a hacer visible el amor de Dios mediante nuestra cercanía y solidaridad con quienes más lo necesitan.

En su mensaje para esta Jornada, el Santo Padre también nos recuerda que “la Iglesia, por su misma naturaleza, está llamada a ser pobre y refugio para los pobres”. Estas palabras nos invitan a mirar nuestras comunidades y preguntarnos si quienes atraviesan momentos de dificultad encuentran entre nosotros un lugar donde son escuchados, acogidos y tratados con la dignidad que les corresponde como hijos de Dios.

No podemos acostumbrarnos al sufrimiento de los demás ni permitir que la indiferencia nos aleje de quienes necesitan nuestra cercanía y acompañamiento. Muchas veces, detrás de una necesidad material, existe también una historia que merece ser escuchada, una soledad que espera compañía o una esperanza que necesita ser fortalecida. La caridad cristiana comienza cuando somos capaces de reconocer al hermano, llamarlo por su nombre y hacerlo sentir parte de nuestra comunidad.

En este año en el que conmemoramos el octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís, el Santo Padre nos presenta su testimonio de cercanía con los pobres, recordando cómo, movido por la compasión, quiso compartir su condición para comprender mejor sus sufrimientos. Su ejemplo nos enseña que la verdadera caridad va más allá de ofrecer ayuda material; exige un corazón dispuesto a salir al encuentro del otro, escucharlo y reconocer en él la presencia de Cristo.

Movidos por esta misma caridad, deseo animar a nuestros sacerdotes, diáconos, miembros de la vida consagrada, agentes de pastoral y fieles laicos a que, con motivo de esta Jornada, promovamos en nuestras comunidades gestos sencillos y concretos de fraternidad: visitar a quienes viven solos, acercarnos a las familias que atraviesan dificultades, compartir nuestros bienes con generosidad y, sobre todo, escuchar y acompañar a quienes pocas veces encuentran alguien dispuesto a hacerlo.

Que cada parroquia y comunidad, conforme a sus posibilidades y realidad pastoral, encuentre la manera de hacer presente esta cercanía, recordando que la atención a los pobres no es una actividad ocasional, sino una dimensión esencial de nuestra misión evangelizadora.

De manera especial, les pido que en las celebraciones Eucarísticas del Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario, tengamos presentes en nuestra oración a quienes padecen pobreza y exclusión, así como a quienes dedican su vida al servicio de los más necesitados.

Agradezco a Cáritas de Monterrey, a la Pastoral Social y a todas las personas, instituciones y comunidades que, mediante su entrega generosa, hacen visible el rostro misericordioso de Cristo en nuestra Arquidiócesis.

Que esta décima Jornada Mundial de los Pobres nos ayude a comprender que una Iglesia que abre sus puertas a los pobres es una Iglesia que abre su corazón al mismo Cristo. No permitamos que esta celebración termine con el día, sino que sus frutos permanezcan en nuestras comunidades y transformen nuestra manera de vivir la fraternidad.

Encomendamos a Nuestra Señora del Roble, Madre y Patrona de nuestra Arquidiócesis, a todos nuestros hermanos que sufren, y le pedimos que nos enseñe a reconocer en ellos el rostro de su Hijo y a ser,  instrumentos de su amor y misericordia.