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No. 8/2026
Prot. No. 631/2026
14 de Septiembre de 2026

Circular

A toda la Iglesia que peregrina en Monterrey: ¡la paz esté con ustedes!

Muy queridos hermanos y hermanas en el Señor:

Nos acercamos al último domingo de septiembre 2026, recordamos que el Papa Francisco de feliz memoria, a petición de las Conferencias Episcopales alrededor del mundo, dispuso que en dicho domingo a nivel diocesano vivieramos en comunión con la Iglesia universal la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado. Fue hace 112 años, meses antes del inicio de la Primera Guerra Mundial (1914), cuando el santo Padre Benedicto XV conmovido por el drama de la migración de tantas familias, promovió la oración y el apoyo material de las comunidades católicas a los hermanos que por diferentes causas se veían en la necesidad de salir de sus países de origen. Hoy, como hace más de 100 años, la injusticia, la inestabilidad política, social, incluso factores clímaticos, hacen que muchas familias salgan de sus países de origen en busca de paz, seguridad y oportunidades de crecimiento humano.

En el mensaje del Papa León XIV para esta 112ª Jornada nos exhorta y nos pide no ser indiferentes a esta realidad que vemos alrededor del nuestro mundo: «no podemos permanecer indiferentes, ni acostumbrarnos a tanto sufrimiento» (Mensaje para la 112ª Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, 11 agosto 2026). El Papa nos recuerda que en medio de las sombras de injusticia y sufrimiento: «no falta la luz de la solidaridad: personas, familias, instituciones civiles y comunidades eclesiales deciden no desviar la mirada hacia otro lado (cf. Lc 10,29-37) […] con su compromiso, dan testimonio de que el amor puede vencer a la indiferencia» (Mensaje para la 112ª Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, 11 agosto 2026).

Como respuesta a este llamado que nos hace el Santo Padre pido a los Párrocos, Administradores Parroquiales y Rectores de Templos de nuestra Arquidiócesis que no falte en las Celebraciones de Dominicales del próximo 27 septiembre la presencia de dos signos:

Que en las intenciones de la Eucaristía, concretamente en la Oración universal de los fieles se haga mención de nuestros hermanos migrantes, desplazados o refugiados, que no los olvidemos en nuestras oraciones; Que, según la modalidad que cada Párroco, Administrador Parroquial o Rector considere más conveniente, se realice una segunda colecta en todas las Misas dominicales, o se destine una aportación proporcional, determinada junto con el Consejo de Asuntos Económicos.

Lo que se reciba de este apoyo solidario como comunidad católica arquidiocesana, será destinado equitativamente, a través de la tesorería diocesana, al sostenimiento de las casas migrantes de nuestra Arquidiócesis, que representan un rostro concreto del amor solidario que vence la indiferencia.

Que esta jornada nos ayude a crecer en la compasión hacia nuestros hermanos migrantes, recordando que el amor puede vencer a la indiferencia. Y agradeciendo de manera anticipada la disponibilidad y generosidad de nuestras comunidades, confío que el Señor recompensará abundantemente toda obra de caridad realizada en favor de los más pequeños y vulnerables (cf. Mt 25,40).

Que Dios, nuestro Señor, nos bendiga abundantemente y que Nuestra Señora del Roble, nos acompañe y nos cubra con su amor maternal.