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Prot. No. 627/2026
10 de Septiembre de 2026

Decreto

A toda la Iglesia que peregrina en Monterrey: ¡la paz esté con ustedes!

Estimados hermanos:

Reciban un afectuoso saludo y mi paternal bendición en su vida cotidiana para que esta sea una continua alabanza al Padre Celestial que nos llamó a colaborar con él en el embellecimiento y dominio de la creación, así como en la construcción de su Reino desde esta tierra.

El Consejo Presbiteral es un don de Dios para nosotros los hermanos que cargamos con la ardua tarea de dirigir en la caridad a una Iglesia particular ya que por medio de este Consejo contamos con el apoyo y discernimiento de muchos hermanos presbíteros para guiar apropiadamente la Iglesia en espíritu de comunión y sinodalidad.

Por esta razón, pedí hace tiempo al propio Consejo Presbiteral revisar sus estatutos para que funcionará, aun con mi presidencia, con la libertad y autonomía que requiere al tratar los asuntos de mayor importancia para nuestra Arquidiócesis y, así, después de un tiempo de revisión y discernimiento en la última sesión del Consejo Presbiteral se aprobó por parte de este la reforma de los estatutos que organizan su actuar.

Dicho esto, considerando la importancia del Consejo Presbiteral y que su revisión fue un trabajo sinodal, por las presentes letras, en uso de mi facultad ordinaria, PROMULGO los

ESTATUTOS DEL CONSEJO PRESBITERAL

DE LA ARQUIDIÓCESIS DE MONTERREY

que, por disposición propia, entran en vigor con su publicación inmediata en los canales digitales de la Arquidiócesis de Monterrey.

Su texto, se encuentra anexo a este documento para ser estudiando por todos, especialmente el presbiterio y mis Obispos auxiliares, a fin de comprometernos en el recto funcionar de este consejo.

Confío a Nuestra Señora del Roble toda labor pastoral que emprendamos y pido al Espíritu Santo que siempre ilumine a los miembros de nuestro Consejo Presbiteral para que, llevados por su don de consejo y la gracia de estado que les corresponde por su oficio, pueda este traer grandes bendiciones a nuestra Iglesia particular.