
Circular
A toda la Iglesia que peregrina en Monterrey: ¡la paz esté con ustedes!
Muy queridos hermanos y hermanas en el Señor:
Con profunda alegría y esperanza en el Señor estamos iniciando un nuevo ciclo de catequesis, como una oportunidad para enseñar el amor de Jesucristo a los corazones de tantos niños, adolescentes y adultos como nos sea posible. Esta misión evangelizadora es una tarea que nos compromete a todos y que, con la gracia de Dios, estamos llamados a realizar con entusiasmo, responsabilidad y espíritu de servicio, así como con la debida seriedad, continuidad y profundidad.
En este sentido, deseo recordarles la importancia de ofrecer a nuestros catecúmenos un proceso de formación sólido, completo y gradual. Para poder alcanzar adecuadamente este propósito, en el caso de la catequesis infantil, les recuerdo que por norma diocesana el proceso deberá constar, por lo menos, de tres años de formación para los cuales tenemos como material de apoyo y modelo de enseñanza los Manuales de formación cristiana y catequesis que ofrece el Secretariado de Pastoral Catequética de nuestra Arquidiócesis.
Durante el primer año, nuestros catecúmenos serán preparados para realizar su Primera Reconciliación con Dios, profundizando en el conocimiento y vivencia de la misericordia del Señor mediante el libro 2: ¡Padre Dios, te amo!
En el segundo año, continuarán su camino de formación, disponiéndose a recibir y vivir los dones del Espíritu Santo, de acuerdo con los contenidos señalados en el Libro 3: Espíritu Santo acompáñame.
Finalmente, en el tercer año, culminaremos este proceso catequético con una formación que ayude a nuestros catecúmenos a establecer una adecuada y profunda comunión con Jesucristo, tomando como guía el Libro 4: Jesús tu eres mi alimento.
Les pido encarecidamente que cuidemos este proceso y que procuremos que la catequesis no se reduzca únicamente a una preparación precipitada, entendida solo como un simple requisito para recibir un sacramento, sino que sea verdaderamente un camino de encuentro, conocimiento, amistad y seguimiento de Jesucristo. Si por alguna razón extraordinaria, que lo justifique, no se pudiera seguir el itinerario catequético de la Arquidiócesis, el sacerdote deberá presentar la situación al Director del Secretariado y dialogarlo.
Asimismo, deseo recordarles que esta formación deberá realizarse de manera presencial, pues considero que el encuentro personal, la convivencia comunitaria y el acompañamiento cercano son elementos fundamentales de la formación cristiana, más en estos tiempos de individualismo y aislamiento. La modalidad en línea deberá reservarse únicamente para casos muy especiales, principalmente cuando existan circunstancias familiares o de salud que, en diálogo con las familias de los niños y las catequistas, hagan imposible o desaconsejable la participación presencial.
Confío en su celo pastoral y en su responsabilidad como pastores para que estas disposiciones sean acogidas y promovidas con espíritu de comunión eclesial. Les pido, finalmente, cuidar el aspecto económico: que la aportación que se pida para la catequesis sea justificada y proporcional a las actividades o materiales que ocuparán en el proceso, eviten cuotas desproporcionadas, que la catequesis no sea carga económica para las familias, no olvidemos que es un servicio. Estoy convencido de que, si ofrecemos a nuestros catecúmenos un proceso generoso, fraterno, serio y verdaderamente centrado en Cristo, podremos contribuir de manera significativa a la renovación de nuestras comunidades y, sobre todo, a que muchos descubran la alegría de saberse amados por Dios.
Que nuestra Señora del Roble, patrona y baluarte de nuestra Iglesia cubra con su amor martenal a todos aquellos receptores de la misión evangelizadora de la Iglesia a través de la catequesis.