
Decreto
A toda la Iglesia que peregrina en Monterrey, ¡la paz esté con ustedes!
Con alegría y esperanza, deseo comunicarles la integración del nuevo Equipo Formador del Instituto Diaconal de la Arquidiócesis de Monterrey, el cual tendrá la importante misión de acompañar a los aspirantes, que habiendo experimentado un llamado del Señor a este servicio, realizan su camino de discernimiento y formación hacia el Diaconado Permanente.
El Diaconado Permanente es un don que el Señor concede a su Iglesia y que, en nuestra Arquidiócesis, queremos seguir acogiendo y fortaleciendo como una expresión concreta de una Iglesia llamada a servir. El diácono permanente, configurado con Cristo Siervo, está llamado a hacer presente el Evangelio en medio de las realidades cotidianas, especialmente a través del servicio de la Palabra, de la Liturgia y de la Caridad.
Por ello, la formación de los futuros diáconos permanentes es una tarea que nos compromete como Iglesia diocesana. No se trata solamente de preparar ministros para alcanzar lugares y comunidades donde no hay sacerdotes, sino de acompañar un verdadero proceso vocacional y de configuración con Cristo, en el que cada candidato pueda crecer integralmente en su vida humana, espiritual, intelectual, pastoral y litúrgica.
Esta tarea adquiere un significado especial a la luz del Plan de Pastoral de nuestra arquidiócesis, que nos invita a caminar juntos con la mirada puesta en Jesús. Recordando que todos somos llamados a ser una Iglesia: Discípula, Unida, Misericordiosa, Misionera y Esperanzadora. El camino hacia el Diaconado Permanente participa de esta misma misión: formar hombres capaces de vivir su vocación desde la escucha de Dios, la comunión con la Iglesia y la entrega generosa al servicio de sus hermanos.
Queremos que los diáconos permanentes de nuestra Arquidiócesis sean hombres profundamente arraigados en Cristo, capaces de reconocer las necesidades de las comunidades y de acercarse con misericordia a quienes más necesitan del acompañamiento de la Iglesia. Hombres que, desde su propia realidad familiar, profesional y social, puedan ser puentes de comunión, servidores de la Palabra y testigos de la caridad de Cristo.
En este sentido, el Instituto Diaconal tiene una responsabilidad muy importante: acompañar a los candidatos en un proceso que no se limita al ámbito académico, sino que busca favorecer una auténtica maduración vocacional. El Itinerario Formativo, decretado recientemente por un servidor (Prot. No. 517/2026), propone precisamente una formación integral y progresiva, en la que el candidato pueda discernir, crecer en su relación con Cristo y prepararse para asumir con libertad y generosidad el ministerio que la Iglesia le confíe. Dicho Itinerario que sigue los principios básicos de todo proceso formativo – integralidad y gradualidad – ahora necesita de un Equipo Formador que pueda llevarlo a cabo. Es por ello que quiero formalmente, en uso de mi autoridad como obispo diocesano de esta Iglesia, nombrar a quienes formarán parte del Equipo Formador del Instituto Diaconal en esta reestructuración:
EQUIPO FORMADOR
Director: Pbro. Héctor Manuel Robledo Roque
Subdirector: Diac. Perm. Luis Martín Mazatán Davila
Coordinador de la Dimensión Académica: Pbro. Jesús Carrera Garza
Secretario General: Diac. Perm. Carlos Sousa González
Auxiliar de Secretaría: Diac. Perm. José Luis Ordoñez Benitez
Ecónomo: Diac. Perm. Germán Aguilar Moreno
Formador Campus Ciénega de Flores: Diac. Perm. Sergio Meza Mariscal
Delegado del Arzobispo: S.E. Mons. Carlos Alberto Santos García
DIMENSIÓN HUMANA
Formadores por Etapa:
Etapa Propedéutica:
Titular: Diac. Perm. Jorge Ernesto Molina Quiroga
Auxiliar: Diac. Perm. José Luis Ordoñez Benitez
Etapa de Discipulado:
Titular: Diac. Perm. Carlos Souza González
Auxiliar: Diac. Perm. José Antonio Castilleja Méndez
Etapa de Configuración:
Titular: Diac. Perm. Germán Aguilar Moreno
Auxiliar: Diac. Perm. Alberto Rocha Guerrero
Etapa de Experiencia Eclesial (inserción pastoral)
Titular de la Etapa y Subdirector: Diac. Perm. Luis Martín Mazatán Davila
Auxiliar: Diac. Perm. Raymundo Cisneros Ramos
A cada uno de ellos le encomiendo este servicio, pidiéndoles que desempeñen su misión con espíritu de comunión, responsabilidad y cercanía. Su tarea será acompañar a los candidatos no solamente como formadores, sino como testigos y acompañantes de un camino vocacional, ayudándoles a reconocer la acción de Dios en sus vidas y a discernir con libertad y madurez su llamado al ministerio. Para la formación y acompañamiento espiritual, especialmente la Dirección Espiritual y el sacramento de la reconciliación, designaré a algunos sacerdotes del área metropolitana de Monterrey, para que los alumnos del Instituto Diaconal puedan tener accesible el acompañiento espiritual, entre ellos designaré a un Coordinador que en comunión con el Director y Sub-Director del Instituto dará a conocer y transmitirá el programa de la Formación Espiritual contenidos en el nuevo Itinerario a este grupo de sacerdotes, teniendo también con ellos reuniones periódicas. Así el acompañamiento espiritual vaya de la mano con el camino formativo de los alumnos.
Será también importante que el discernimiento vocacional-formativo se realice en estrecha colaboración con los párrocos, las comunidades y, de manera muy especial, con las familias de los candidatos, pues el Diaconado Permanente no puede comprenderse separado de la vida familiar, profesional y comunitaria de quienes son llamados a este ministerio.
Confío en que este nuevo Equipo Formador ayudará a consolidar una formación que permita a nuestros futuros diáconos vivir con profundidad aquello que el Señor nos pide como Iglesia: ser discípulos que caminan juntos, servidores que construyen comunión, hombres misericordiosos cercanos a quienes sufren y misioneros que llevan el Evangelio a las realidades donde Dios los ha colocado.
Agradezco sinceramente a quienes han aceptado esta responsabilidad y les aseguro mi oración. Pido también a toda nuestra comunidad arquidiocesana que acompañemos con nuestra oración a los hombres que actualmente se encuentran en este proceso de formación y discernimiento.
Que el Señor siga suscitando entre nosotros abundantes vocaciones al Diaconado Permanente y que, por medio de este ministerio, nuestra Iglesia de Monterrey pueda crecer cada día en su vocación de servir con alegría, caminar en comunión y anunciar con esperanza el Evangelio.
Encomendamos este camino a Nuestra Señora del Roble, patrona y baluarte de nuestra Iglesia, para que acompañe a cada candidato, a sus familias y a quienes tienen la responsabilidad de formarlos, y los ayude a responder con generosidad al llamado de su Hijo.