
Circular
A toda la Iglesia que peregrina en Monterrey,¡la paz estécon ustedes!
Con afecto de padre y pastor, en el gozo de la Pascua de Resurrección, nos dirigimos a toda nuestra Iglesia Arquidiocesana para invitarlos a vivir con hondura espiritual una Campaña de Oración por las Vocaciones Sacerdotales en las Familias, a partir del IV Domingo del Tiempo de Pascua, Domingo del Buen Pastor de 2026, hasta el mismo domingo del año 2027.
En continuidad con el camino que el Señor nos ha permitido recorrer a la luz de nuestra XI Carta Pastoral, “Hagan lo que Él les diga”, al contemplar a María en las Bodas de Caná, aprendemos de ella a mirar las necesidades de nuestro pueblo, a presentarlas con confianza al Señor y a disponernos con obediencia a su voluntad. Entre esas necesidades se encuentra, de modo particular, la súplica por vocaciones sacerdotales santas, generosas y fieles para nuestra Iglesia de Monterrey.
Sabemos bien que la vocación es siempre iniciativa de Dios, pero también sabemos que ordinariamente su llamada germina en el seno de hogares donde se ora, se ama, se sirve y se aprende a escuchar. Como he afirmado en nuestra XI Carta Pastoral, “los llamados de Dios... encuentran en la familia un lugar privilegiado para hacerse vida. En ella se aprende a ser discípulos” (n. 37).
Por eso, deseamos que este año nos ayude a redescubrir a la familia como lugar privilegiado para la oración, el discernimiento y el acompañamiento de los adolescentes y jóvenes. Nuestras familias no deben temer abrirse a la voz del Señor; por el contrario, están llamadas a convertirse en tierra buena donde pueda florecer, si Dios así lo concede, la semilla de una futura vocación sacerdotal.
Asimismo, queremos recordar que nuestra acción pastoral está llamada a seguir avanzando, “reconociendo a las familias no solo como destinatarias, sino como protagonistas corresponsables de la vida eclesial” (n. 37). Desde esta convicción, convocamos a los hogares de nuestra Arquidiócesis a asumir esta inciativa activamente, con fe y generosidad, como una misión compartida en favor de las vocaciones sacerdotales.
De manera muy particular, encomendemos durante este tiempo a los adolescentes y jóvenes que se encuentran en proceso vocacional. Algunos de ellos están próximos a realizar una opción importante en su camino de discernimiento. A ellos, y a sus familias, queremos sostenerlos con la cercanía de la oración de toda la Arquidiócesis, para que respondan con libertad interior, paz y generosidad a la voluntad de Dios.
Para que este Año de Oración se traduzca en pasos concretos y visibles, señalamos las siguientes líneas de acción pastoral:
1. Orar por las vocaciones sacerdotales en las Eucaristías Dominicales. Pido que a partir de este próximo IV Domingo de Pascua en todas las Eucaristías dominicales, se rece o cante la oración por las vocaciones sacerdotales, invitando a sus coros a favorecer esta intención, de modo que esta súplica acompañe de manera constante la vida litúrgica de nuestras comunidades. Para fomentar la comunión, pido que la oración propuesta sea la siguiente:
Oh, Jesús, Pastor eterno de las almas,
dígnate mirar con ojos de misericordia
a esta porción de tu grey amada.
Señor, gemimos en la orfandad,
danos vocaciones, danos sacerdotes santos.
Te lo pedimos por la Inmaculada Virgen María de Guadalupe,
tu dulce y Santa Madre.
Oh Jesús danos sacerdotes según tu corazón.
Amén.
2. Orar con signos sensibles en nuestras familias. En los hogares, invitamos a que cada familia elabore y coloque un letrero con la frase “Danos sacerdotes según tu corazón” y sea colocado junto a un crucifijo o a un cirio, como signo visible de la oración compartida por las vocaciones sacerdotales. Pedimos a las familias que oren asiduamente por los adolescentes y jóvenes que están en proceso vocacional. Conviene que esta intención esté presente en el rosario familiar, en la oración de la noche, en la bendición de los alimentos y en otros momentos sencillos de piedad doméstica.
3. Conocimiento y espiritualidad vocacional en la Pastoral Familiar de cada comunidad. Invitamos a los grupos parroquiales y a los movimientos de pastoral familiar a reflexionar sobre la teología vocacional, subrayando la importancia de acompañar a los hijos en la búsqueda de su propia vocación, (esta temática será subsidiada por la Pastoral Vocacional Diocesana). En este proceso, será muy valioso promover con claridad, serenidad y libertad interior la posibilidad de la vocación sacerdotal, no como imposición, sino como un camino de plenitud cristiana y de servicio a la Iglesia.
4. Homilías con tinte vocacional dirigido a las familias. A los pastores del Pueblo de Dios, párrocos y vicarios, les pedimos que promuevan en sus homilías, con alegría y serenidad, el anuncio de la vocación sacerdotal, despertando en adolescentes y jóvenes la apertura al llamado del Señor. De igual manera, convendrá alentar la participación en los procesos vocacionales que la Pastoral Vocacional propondrá a nivel diocesano en sus diferentes Centros Vocacionales durante el periodo de septiembre de 2026 a mayo de 2027.
5. A las familias de seminaristas y sacerdotes de nuestra Arquidiócesis. Los invitamos a comprenderse como verdaderos animadores vocacionales, gracias por todo lo que ya hacen con sus hijos. Desde su propia experiencia de acompañamiento, pueden ayudar a otras familias a mirar con fe y esperanza la posibilidad de una vocación sacerdotal en sus hijos. Invitamos al Seminario a promover esta intención entre las familias de los seminaristas y pedimos a la Comisión del Clero acompañar cercanamente a las familias de nuestros sacerdotes.
6. Como signo concreto de este camino de oración, los invitamos también a acudir al Santuario Sacerdotal del Sagrado Corazón de Jesús, que goza, en perpetuo, de la indulgencia plenaria. Recordamos con gratitud que el Santo Padre Francisco, a través de la Penitenciaria Apostólica, concedió este don espiritual, que los fieles pueden recibir al visitarlo con devoción y dedicar al menos cinco minutos a la oración por el incremento de las vocaciones sacerdotales y por la santidad de los sacerdotes (Prot. No. 258/2024).
Además de estas líneas de acción, invitamos a los padres de familia, abuelos, catequistas y formadores que cultiven en los hogares un ambiente de libertad, escucha y fe, donde una eventual vocación sacerdotal no sea acogida con temor, sino con gratitud y apertura generosa. La Iglesia necesita familias que sepan orar, acompañar, proponer y ofrecer generosamente al Señor lo más valioso que tienen.
Deseamos que esta Campaña de Oración por las Vocaciones Sacerdotales en las Familias no se reduzca a una serie de actividades, sino que se convierta en una auténtica experiencia espiritual para toda la Arquidiócesis. Si nuestras familias se transforman en pequeñas escuelas de oración, si nuestras parroquias anuncian con gozo la belleza de la vocación sacerdotal, y si nuestros jóvenes encuentran acompañamiento cercano y cauces concretos para su discernimiento, el Señor seguirá bendiciendo a su Iglesia con nuevas y santas vocaciones.
Para ello, invitamos fraternalmente a todas las Parroquias, Misiones Parroquiales, Templos, a la Pastoral Familiar, a la Pastoral Juvenil y Universitaria, a la Pastoral Litúrgica, a la Pastoral Catequética, al Seminario Arquidiocesano y a la Comisión del Clero, en comunión con la Pastoral Vocacional, a unir esfuerzos, dones y responsabilidades, promoviendo este tiempo como una ocasión privilegiada para orar por las vocaciones sacerdotales en familia, trabajando de manera articulada y en red, como una sola Iglesia que camina unida en la misión. Que nadie camine por separado; que todos, en espíritu de comunión, ayudemos a nuestra Iglesia a suplicar con insistencia y confianza: danos, Señor, sacerdotes según tu corazón.
Confiamos este camino a la intercesión a Nuestra Señora del Roble, para que nos enseñe a escuchar a su Hijo y a hacer lo que Él nos diga.