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Prot. No. 426/2020
1 de Septiembre de 2020

Comunicado

A toda la Iglesia que peregrina en Monterrey, ¡la paz esté con ustedes! 

Una de las grandes tareas que compartimos con el Papa Francisco, y en realidad con toda la humanidad, es el cuidado de la creación, pues el Señor, creador de todas las cosas, nos la regaló para disfrutarla, cuidarla y embellecerla. Es en este contexto que, con el fin de conmemorar el 50 aniversario del establecimiento del Día de la Tierra, el Papa Francisco ha llamado a celebrar el Jubileo de la Tierra del 1 de septiembre al 4 de octubre del presente año.

Esta tarea, cuidar la creación, no es algo que una persona o una comunidad puede hacer sola, es una tarea que se debe realizar en comunión con los demás, por ello esta celebración la hacemos en comunión “con nuestros hermanos y hermanas, cristianos de diversas Iglesias y tradiciones” empezando con el Día Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación.

El cuidado de la tierra, y por ello la vivencia verdadera de este jubileo, requiere que nos comprometamos recurriendo a todo aquello que forma parte de nuestra naturaleza humana: la sensibilidad, el entendimiento, la oración y la acción. 

Es necesario abrir nuestro corazón a la alegría de disfrutar la naturaleza desarrollando así una especial sensibilidad para reconocer que la tierra es nuestra casa común: solo sintiendo la tierra como nuestra casa, podremos pensarla y reconocerla como tal para actuar con responsabilidad en su cuidado. Esta experiencia debe afianzarse con la oración en común que nos dispone a esta sensibilidad desde la fe. La actitud cristiana de cuidar lo que el Padre ha creado, nos enseña el Papa Francisco, brota de nuestro ser y reconocernos hijos de Dios, su imagen y semejanza. Como tales, estamos llamados a cuidar y a respetar toda la creación, además de a amar y compadecernos de todos los seres humanos, especialmente de los más necesitados.

Para crecer en nuestro conocimiento, conciencia y responsabilidad, necesitamos la luz de la ciencia y la luz de la fe, que iluminarán y guiarán la experiencia que anteriormente mencionábamos. Así, también es necesario hacer un ejercicio intelectual, que ilumine la sensibilidad que experimentamos, para comprometernos con la tierra en el lugar concreto en el que vivimos. Sería, pues, muy bueno que nos interesáramos por conocer la geografía de nuestra región y de las regiones vecinas; la orografía: saber cuáles son nuestros cerros y lomas; la hidrografía: los ríos y manantiales, los ciclos y procesos del agua; el sistema de vientos: su origen, direcciones dominantes, interacción; la riqueza natural de nuestras tierras: los minerales y composición; el sistema agronómico y los sistemas de interacción que hemos construido…; así como conocer, al tiempo que admiramos, la biodiversidad de todos los seres que habitamos en esta parte del mundo y la relación que tenemos unos con otros. Esto nos permitirá reconocer y aceptar que somos una red de vida, haciendo surgir en nuestros corazones el sentimiento de ser parte de esta red. Cuando nos sentimos parte de una comunidad, empieza una etapa especial de amor: si nos reconocemos parte de la casa común, iniciaría una relación más armoniosa con ella y entre todos. Dos cuestiones esenciales en este jubileo serán cómo podemos llegar a este reconocimiento y qué propuestas nos permitirán darle continuidad de manera individual y comunitaria a este Jubileo por la Tierra.

El conocimiento de nuestra casa común necesita de la contemplación, para descubrir los rasgos del Creador en las creaturas. La contemplación cristiana, desde el conocimiento de cada uno y la ciencia lograda por la humanidad, nos dispondrá a una mejor relación con la creación, superando todo naturalismo y animismo, pero también nos dispondría a reconocer el valor de la sabiduría de los pueblos originarios, para quienes su corazón vive, crece y fructifica como parte de toda la naturaleza. 

En esta doble vertiente, intelectual y espiritual, que se unifica en una sola experiencia, la Comisión Arquidiocesana de Medio Ambiente, tanto durante como después de la celebración de este jubileo, preparará y ofrecerá algunas actividades que nos permitan imbuirnos en este espíritu festivo y de compromiso con nuestra casa común.

Celebremos este Jubileo llenos de fe, compartamos el sentirnos parte de esta red de vida, ¡cultivemos juntos la vida! Digamos todos: ¡sí a la vida!¡sí a la solidaridad!¡sí a la justicia!¡sí a la paz!¡sí a la civilización del amor!

¡San Francisco de Asís, ruega por nosotros!