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Prot. No. 287/2020
2 de Julio de 2020

Comunicado

A todos los sacerdotes de la Arquidiócesis de Monterrey, ¡la paz esté con ustedes!

Estimados hermanos:

Como platicábamos el día de hoy en la reunión de presbiterio, me comunicaría con ustedes para darles a conocer los pasos a seguir en nuestra lucha por evitar contagios por COVID 19 a causa de nuestra labor propia una vez que escucháramos el pronunciamiento oficial del Gobierno del Estado.

Con dolor y tristeza, seguramente compartido con muchos de ustedes por el gran amor que tenemos a esta Iglesia que Dios nos ha llamado a pastorear, hemos escuchado que el número de contagiados por COVID 19 está franco aumento en nuestro Estado, siendo necesario, por parte del Gobierno y de nosotros mismos, tomar medidas serias que nos ayuden a detenerlos.

Así, el Gobernador ha anunciado que algunas actividades, entre ellas nuestros recintos religiosos (iglesias), deberán permanecer cerradas las 24 horas del sábado y el domingo, aunque con la posibilidad de abrir y ofrecer sus servicios de lunes a viernes de 5:00 a.m. a 10:00 p.m.

Esto nos obliga, en corresponsabilidad y acato a la autoridad, a respetar dicha disposición y buscar soluciones prácticas y posibles para los sacramentos (bautizos, bodas y ordenación sacerdotal) y acciones de gracias (quinceaños) que teníamos todos programados en nuestras iglesias. Es importante que de forma inmediata busquen contactar, personalmente o de forma delegada, a las personas interesadas para pactar nuevas fechas de celebración, además de exhortarlas a no realizar ningún tipo de festejo con motivo de estos dones de Dios.

Según lo dicho por el Gobernador, esta determinación será revisada la próxima semana, así que por lo pronto no es conveniente comprometer fechas y horarios que puedan sufrir modificaciones y, en caso de así desearlo los interesados, advertir claramente que en cualquier momento, si lo determina legítimamente el Gobierno, pueden ser cancelados o sujetos a modificación.

Además de esto, considero importante comunicarles lo que en junta con los Vicarios Generales, Vicarios Episcopales y Decanos estuve dialogando y decidiendo el miércoles pasado.

Es necesario que sigamos respetando el aforo del 10%, según lo señalado por los Vicarios Episcopales a cada pastor de almas, en nuestras celebraciones y las medidas sanitarias establecidas en nuestros protocolos. No bajemos la guardia en el cuidado de nuestra comunidad.

Incluso en los momentos en que podemos ejercitar nuestra labor pastoral, debemos seguir esperando el momento oportuno, que yo les indicaré, para comenzar a programar las primeras comuniones, comunitarias o individuales, y las confirmaciones. En lo relativo a la celebración de bautizos, solo podrá admitirse a máximo diez personas: el bautizando, sus papás, sus padrinos (que pueden ser un padrino o una madrina o un padrino y una madrina, no más), sus abuelos, tanto paternos como maternos, y quien administra el sacramento (ya sea sacerdote o diácono). Fuera de este listado, aunque sean menos de 10 personas los participantes, no deberá admitirse a nadie más.

Para continuar con la formación catequética de pequeños y adultos, daré instrucciones para que juntos el Secretario de Pastoral Catequética y el Departamento de Sistemas y Comunicaciones de nuestra Arquidiócesis preparen tanto contenido que se transmita a través del Canal Digital de la Arquidiócesis como material que esté a libre disposición en nuestras páginas de internet y redes sociales que favorezcan el acompañamiento y formación que siguen brindando nuestros catequistas y padres de familia.

Ya que está demostrado que al cantar se expulsa con más fuerza el aliento y se expulsa demasiada saliva, no es conveniente que, por el momento, haya coros animando nuestras celebraciones litúrgicas y momentos de piedad, sin embargo, se puede contar con un cantor.

En cuanto a la atención a los enfermos, les recuerdo que no está prohibido acompañarlos y administrarles los sacramentos, con todos los cuidados necesarios (sana distancia y barreras protectoras, entre otros). Incluso es una obligación pastoral y un llamado de caridad el estar disponibles para acompañarlos, entendiendo que los hermanos sacerdotes con comorbilidades deben solicitarle a los más jóvenes apoyo para cumplir con esta labor, incluso a través del Vicario Episcopal en caso de dificultad para encontrar alguien disponible en el momento.

Nuestra exhortación a que los hermanos mayores permanezcan en casa no debe traducirse ni dar la impresión de desinterés a servirlos. Tenemos que salir a su encuentro. Así, cuando las circunstancias lo permitan, son convenientes las procesiones con el Santísimo y llevar la comunión a las personas que deben permanecer en casa (mayores de 60 años, enfermos y papás con niños pequeños), personalmente de forma principal pero también valiéndonos de personas formadas para este servicio. Además, en nuestras homilías, predicaciones y catequesis, tanto presenciales como virtuales, tenemos que insistir en la omnipresencia de Dios, la escucha que él realiza de nuestra oración elevada en cualquier lugar y los medios extraordinarios que tenemos a disposición para ganar las gracias divinas, como el acto de contrición perfecta y la comunión espiritual, mientras llega el alegre momento de podernos congregar sin dificultades.

Al mismo tiempo, como compromiso moral antes que legal, en relación a nuestros colaboradores en oficinas, iglesias y demás organismos que tiene más de 60 años o padecen alguna enfermedad que pueda complicar un posible contagio por COVID 19 (hipertensión arterial, diabetes mellitus, inmunosupresión) o que tienen niños pequeños o en educación básica (para que puedan cuidarlos apropiadamente ahora que no hay guarderías, escuelas y no es conveniente que visiten a sus abuelos para que los cuiden) tenemos que facilitarles, corresponsablemente, el poder permanecer en su hogar sin que sientan en peligro su puesto de trabajo y justo sustento. Lo más que puede pasar es que tengamos que hacer labores de oficina o tomar lo necesario para el mantenimiento y limpieza de nuestras iglesias y oficinas, labores para las cuales también nos formó nuestro tiempo en el Seminario.

Los exhorto, además, a seguir atentos a cualquier pronunciamiento o determinación legítima que la autoridad competente en el Estado o un servidor, previo diálogo con mi Consejo Episcopal, podamos pronunciar o tomar. La prevención es una tarea de todos: según el mandato de Cristo no debemos tener miedo y mismo tiempo, según su ejemplo en las tentaciones del desierto cuando es llevado a lo alto del templo, no debemos tentar con imprudencias a nuestro Dios.

¡Virgen Santísima del Roble, cúbrenos con tu manto!
¡Venerable padre Raymundo Jardón, ruega por nosotros!

¡Venerable sor Gloria María de Jesús Elizondo, ruega por nosotros!