Comisión diocesana para la tutela de menores y adultos vulnerables

La Iglesia, como familia de Dios, ha buscado a lo largo de toda su historia ser una casa segura en la que los menores, y aquellos que se le equiparan como lo son los adultos vulnerables, puedan crecer y desarrollarse de manera integral. Sin embargo, con pena y dolor tenemos que reconocer que se han presentado situaciones terribles, que claman al cielo, en la que los menores han sido maltratados, incluso sufrido abuso sexual, y poco escuchados y atendidos sus clamores.

Así, Su Santidad Francisco, en 2014, instituyó la Pontificia Comisión para la Tutela de Menores con el fin de ofrecer propuestas e iniciativas orientadas a mejorar las normas y los procedimientos para la protección de todos los menores y adultos vulnerables en la Iglesia universal.

De igual forma, nuestro pastor, S.E. Mons. Rogelio Cabrera López, el 30 de abril de 2015, instituyó la Comisión Diocesana para la Tutela de Menores que busca propiciar ambientes seguros para que los niños que nos son confiados se desarrollen integralmente y sus padres sepan que están dejándolos en medio de una familia que los ama y los cuidará a toda costa. Además, ante un maltrato a los menores buscará brindarles el acompañamiento necesario para que puedan superar las situaciones injustas y sanar sus corazones, incluso llevando ante la justicia a quien ha cometido los crímenes.

Así, como una de sus funciones la Comisión Diocesana, de forma delegada y actuando siempre bajo la autoridad del Obispo diocesano, propondrá medidas para que en las parroquias y en otras instituciones de la Iglesia (seminario, colegios, universidad) se garantice la seguridad de los menores y adultos vulnerables.

Decreto de formación

A TODA LA IGLESIA QUE PEREGRINA EN NUESTRA ARQUIDIÓCESIS DE MONTERREY: ¡PAZ Y BIEN!

Muy queridos Hermanos y Hermanas en el Señor Jesús:

El Santo Padre el Papa Francisco instituyó la Pontificia Comisión para la tutela de menores, con el fin de ofrecer propuestas e iniciativas orientadas a mejorar las normas y los procedimientos para la protección de todos los menores y adultos vulnerables, y ha llamado a formar parte de dicha Comisión a personas altamente cualificadas y notorias por sus esfuerzos en este campo.

Por la importancia de éste aspecto, veo conveniente instituir una Comisión Diocesana, que se encargue de esta situación. Por tal motivo, por las presentes letras y con mi autoridad ordinaria nombramos:

LA COMISIÓN DIOCESANA PARA LA TUTELA DE MENORES Y ADULTOS VULNERABLES

Esta Comisión Diocesana queda conformada por nuestro Obispo Auxiliar, algunos sacerdotes y laicos, quienes estarán encargados de verificar que en las parroquias y en otras instituciones de la Iglesia se garantice la seguridad de los menores (niños, niñas y adolescentes) y de quienes tienen un uso imperfecto de la razón y/o voluntad.

La Comisión Diocesana trabajará, siempre en comunión con un servidor y bajo la coordinación de Mons. Jorge Alberto Cavazos Arizpe, Obispo Auxiliar, quien deberá promover e invitar a todos a cuidar con esmero y amor la predilección que tenía Jesús por los pequeños, y que se traduce en una responsabilidad especial respecto al bien de los menores y adultos vulnerables.

Posteriormente se definirán los estatutos conforme al protocolo dado por la Santa Sede para la Conferencia Episcopal Mexicana

Encomendamos a la Santísima Virgen del Roble, esta Comisión Diocesana y pedimos bendiga sus trabajos.

Dado en la Sede del Arzobispado de Monterrey, el día del niño, 30 de Abril del Año del Señor de 2015.

Decreto de formación
Miembros Actuales


S.E. Mons. Juan Armando Pérez Talamantes (Presidente)


Pbro. Pedro Pablo González Sias (Secretario)


Lic. Adriana Gorena Barrera


Lic. José Andrés Márquez Vázquez


Pbro. José Francisco Gallardo Viera


Lic. Eduardo Guerra Sepúlveda


Pbro. Ernesto David González Muñoz


Lic. Hugo Salazar Zuarez


Ing. Jorge Montemayor Leal


Pbro. Juan Carlos Castillo Ramírez


Pbro. Santiago Gutiérrez Sáenz

Sacramentorum Sanctitatis Tutela

Promulgada por Juan Pablo II el 30 de abril de 2001, la Carta Apostólica en forma de motu proprio Sacramentorum Sanctitatis Tutela ha buscado custodiar la santidad de los sacramentos de la eucaristía y de la penitencia, así como la vivencia de la propia vocación de aquellos llamados a la continencia por el reino de los cielos y el bien de los más pequeños que nos son confiados como Iglesia.

Recordando la tradición canónica de reservar delitos especialmente escandalosos y graves a la Congregación para la Doctrina de la Fe, anteriormente conocida como Santo Oficio, Su Santidad buscó la certeza jurídica mostrando con claridad los delitos que permanecen o estarán de ahí en adelante bajo la jurisdicción de dicho dicasterio.

Así, a esta carta la acompañaban las normas acerca de los delitos más graves reservados a la congregación. Se incluían las normas sustanciales (que establecen que conductas serán consideradas delictivas) y las normas procesales (que establecen la manera en la que se han de tratar estos casos). Estas normas, han sufrido algunos cambios por disposiciones tanto de Su Santidad Benedicto XVI como de Su Santidad Francisco.

Presentamos, pues, el texto del motu proprio Sacramentorum Sanctitatis Tutela y las normas sustanciales y procesales vigentes.

Sacramentorum Sanctitatis Tutela

Sacramentorum Sanctitatis Tutela - Normas vigentes (2010)

Líneas guía CEM

Con motivo de las modificaciones del 21 de mayo de 2010 hechas por Su Santidad Benedicto XVI a las normas sobre los delitos más graves reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF) se pidió a todas las Conferencias Episcopales preparar unas líneas guía con el propósito de ayudar a seguir procedimientos claros y coordinados en el manejo de los casos de abuso a menores.

Así, la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM), cumpliendo con este llamado de la CDF elaboró las propias líneas guía que consideran tanto la realidad social y eclesiástica de México, así como el derecho canónico y el derecho de nuestro estado para tratar con transparencia estos vergonzosos casos que claman justicia tanto a la nación como al cielo.

La Secretaría General de la CEM decidió hacerlas públicas en octubre de 2016.

Encomendamos a Nuestra Señora del Roble la delicada misión que recae sobre quienes la integran.

Líneas guía CEM

Decreto diocesano contra la pornografía infantil

El art. 6 §1, 2º de las normas sustanciales del motu proprio Sacramentorum Sanctitatis Tutela estableció como uno de los delitos más graves contra la moral “la adquisición, retención o divulgación, con un fin libidinoso, de imágenes pornográficas de menores, de edad inferior a 14 años por parte de un clérigo en cualquier forma y con cualquier instrumento”.

Con ello se busca, como se hace en la sociedad civil, proteger el desarrollo sexual integral de los menores de edad, pero también proteger la santidad del orden sagrado al no permitir que personas que presentan una fuerte atracción a menores, reflejada en la pornografía infantil, representen un peligro para los menores que como Iglesia nos son confiados.

Como Iglesia local, consideramos necesario elevar esta protección hasta los 18 años de edad, como ya se hace en nuestro código penal estatal (cf. art. 201 Bis del Código Penal para el Estado de Nuevo León).

Con esta acción se busca proteger a los menores de todo abuso y explotación sexual y al orden sagrado de ser ejercido por personas que presentan un grave trastorno en su personalidad o, si no se quiere reconocer como trastorno este gusto o adicción perversos, de personas cuya parafilia les impide custodiar apropiadamente a los pequeños que nos son confiados.

Prot. 725 2018 Decreto Penal sobre Pornografía Infantil
Instrucción diocesana

Virgen del Roble, cúbrenos con tu manto

Instrucción sobre la tutela de menores
y adultos vulnerables en nuestra Iglesia particular

La tutela de menores y adultos vulnerables ha sido siempre una de las prioridades de nuestra Iglesia diocesana. Todos nuestros ambientes deben distinguirse por ser ambientes seguros en los que las familias, católicas o no, puedan sentir confianza y paz de dejar a sus hijos para que sean amados, acompañados y educados integralmente en medio de la comunidad cristiana.

Así, unidos con la Iglesia universal, queremos asegurarles a las familias que “la Iglesia no escatima esfuerzo alguno para proteger a sus hijos, y tienen el derecho de dirigirse a ella con plena confianza, porque es una casa segura”¹ en la que los más pequeños disfrutarán del amor del Padre a través de los hermanos mayores que velan por su desarrollo integral como personas y como miembros del Cuerpo Místico de Cristo.

En esta tarea de custodiar a los menores que nos son confiados tiene especial relieve la Comisión Diocesana para la Tutela de Menores y Adultos Vulnerables que, compuesta por verdaderos expertos en ciencias humanas, jurídicas y teológicas-pastorales, ha buscado responder a la necesidad que tenemos de transparentar la manera en la que enfrentamos los delitos contra menores y establecer normas claras para que los pequeños estén verdaderamente protegidos cuando se encuentran confiados a nosotros por sus familias.

Esta Comisión, si bien surgió como una respuesta a la crisis que la Iglesia universal enfrentaba por denuncias de delitos abominables que claman al cielo, debe ser una realidad estable en nuestra Iglesia. Como hasta ahora lo ha hecho, la Comisión vela y velará por salvaguardar la noción que los menores tienen de sí mismos y el respeto que como seres humanos e hijos de Dios deben brindarle los adultos; procurará y custodiará los ambientes seguros que los menores deben disfrutar cuando están en medio de nosotros; y, cuando se presente un crimen de cualquier índole contra los menores en nuestro actuar como Iglesia, hará patente el compromiso que nuestra Iglesia tiene con la verdad y la justicia a fin de que se esclarezcan los hechos y no quede impune ningún delito ni olvidada la atención a las víctimas o mancillada la fama de alguien acusado injustamente.

La Comisión, pues, se ocupará no solo de los abusos sexuales cometidos contra menores, en especial los delitos contra el sexto mandamiento del Decálogo cometidos por clérigos, sino también salvaguardar a los menores en nuestra Iglesia de cualquier “maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo que cause o puedan causar un daño a la salud, desarrollo o dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder”².

Las víctimas de cualquier delito contra menores, al igual que su familia y comunidad, están profundamente en nuestro corazón y, con San Pablo y el Papa Francisco, afirmamos que, siendo la Iglesia un solo cuerpo y una sola familia, “si un miembro sufre, todos sufren con él” (1 Co 12,26) de manera que un crimen tan atroz como el maltrato de menores, incluido el abuso sexual, causa grandes estragos cuyos gemidos claman al cielo y llegan al alma y no permitiremos que sea ignorado, callado o silenciado como sucedió en el pasado³.

Por todo lo antes expuesto, la Comisión para la Tutela de Menores y Adultos Vulnerables se ha organizado en tres áreas: educativa, de acompañamiento y legal.

Al respecto del área legal y la sanación de las personas, es necesario señalar que además de denuncias de hechos verdaderos también se han presentado denuncias falsas contra clérigos y personas relacionadas con la Iglesia. Así, esta instrucción, además de tutelar los derechos de los menores y adultos vulnerables, también busca salvaguardar la santidad del orden sagrado y la buena fama de todas las personas que de una u otra forma colaboran en su educación, formación y cuidado.

Esta instrucción y las normas en ella contenidas se consideran promulgadas por su publicación en el sitio de internet oficial de la Arquidiócesis de Monterrey y con su envío electrónico a las parroquias y sacerdotes de nuestra Iglesia. Entrarán en vigor, para que puedan ser estudiadas comprendidas y, en caso de necesidad, corregidas, conforme al c. 8 §2, es decir, un mes después de su publicación.

Pido a Nuestra Señora del Roble, que como madre educó y cuidó de Jesús, nos ayude a amar y educar a nuestros menores y adultos vulnerables de manera similar a como ella lo hizo con el Divino Niño.

¹Francisco, Carta a los presidentes de las Conferencias Episcopales y a los superiores de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica acerca de la Pontificia Comisión para la Tutela de Menores, 02 de febrero de 2015.

² Organización Mundial de la Salud, Maltrato infantil, 30 de septiembre de 2016.

³Cf. Francisco, Carta al pueblo de Dios, 20 de agosto de 2018

Instrucción sobre la protección de menores

Normas generales para clérigos y miembros de la vida consagrada

Art. 11 Para evitar escándalo en la comunidad o sospechas que desdigan de su buena fama y no propiciar ambientes que puedan prestarse a cometer delitos, en la Arquidiócesis todos los clérigos y miembros de la vida consagrada observaran las siguientes normas de prudencia en relación a los menores de edad (cf. c. 277 §2):
1º No podrán estar solos, sin compañía de otro adulto, en ningún lugar privado (v.gr. casa particular, casa parroquial, paseos) con menores de edad;
2º La atención de grupos de menores de edad se realizará en un lugar público (v.gr. iglesia, salones parroquiales) que no podrá estar cerrado al acceso de adultos con interés legítimo (v.gr. padres o tutores de los menores);
3º No podrán, bajo ningún concepto, compartir alojamiento con menores, ni siquiera con el consentimiento expreso de los padres o tutores;
4º Está prohibido el consumo de bebidas alcohólicas cuando inmediatamente después tiene que desempeñarse un trabajo con menores;
5º Estas normas no aplican para familiares hasta el cuarto grado colateral del clérigo, a menos que haya voluntad contraria de los padres o tutores de ellos.

Normas sobre el uso de la casa parroquial

Art. 14 Siendo la casa parroquial un bien eclesiástico su uso y cuidado se regirá por las siguientes normas:

1º La casa parroquial es de uso exclusivo de los clérigos a los que se les encomienda el cuidado pastoral de una parroquia y de aquellos otros clérigos designados por el Arzobispo para vivir en ella;

2º Es responsabilidad del párroco el cuidado de este bien eclesiástico para vivir dignamente, siempre con modestia, sencillez y absteniéndose de todo lo que pueda parecer vanidad¹;

3º En caso de necesidad (v.gr. enfermedad de los padres), el clérigo que pretenda que alguien más habite la casa parroquial, aun cuando la habite un solo clérigo, deberá contar con permiso expreso y por escrito del Ordinario;

4º Bajo ningún concepto (v.gr. almuerzos, convivencias, catecismo) podrá invitarse a la casa parroquial a menores sin la compañía de un padre o tutor;

5º Ningún menor de edad, ni con consentimiento expreso de los padres o tutores, podrá pernoctar en la casa parroquial;

6º Estas normas aplican a cualquier casa sacerdotal y religiosa, cambiando lo que tenga que ser cambiado de manera lógica.

¹Cf. c. 282 §1.

Normas de conducta para empleados y voluntarios

Art. 15 Los voluntarios o empleados de las parroquias o instituciones pertenecientes o de alguna manera dependientes legales, en el ámbito canónico o civil, de la Arquidiócesis deberán cumplir las siguientes normas:

1º Ejercerán su función de manera transparente a fin que los padres o tutores de los menores sienta paz al confiarles a sus menores;

2º No podrán introducir menores sin compañía de sus padres o tutores a las áreas de trabajo o ejercicio del voluntariado;

3º Deberán cumplir sus funciones según su capacitación profesional o técnica y conscientes de sus limitantes;

4º Deberán conocer la instrucción y firmar de enterado de la manera en que la Iglesia local procederá en caso de un delito contra menores.

Retiros, campamentos y similares

Art. 16 Los grupos, movimientos, clérigos o miembros de la vida consagrada que pretendan realizar retiros o campamentos con menores fuera de las instalaciones parroquiales o en instalaciones pertenecientes a la Iglesia deberán:

1º Contar con el aval por escrito de párroco o superior de la comunidad;

2º Informar a los padres o tutores de los menores de las actividades a realizar y de los riesgos que se pueden correr, asegurándose, por medio escrito, que están conscientes de ello;

3º Obtener una carta responsiva firmada por los padres o tutores de los menores que participarán, sin ella deberán negar la participación al menor;

4º Contar con un seguro contra accidentes, que será obligatorio en toda actividad;

5º Asegurarse que pernoctarán separados hombres y mujeres, así como menores y adultos;

6º Asegurarse que cada área para pernoctar sea custodiada por al menos una pareja de padres o tutores de participantes.

¡Denuncia ante la autoridad competente!

En el fuero civil

Es obligación de toda la sociedad y de cada uno de nosotros como miembros de ella que nuestros menores y adultos vulnerables estén seguros y puedan desarrollarse de manera integral.

Si conoces algún delito contra ellos, o cualquier otro delito: ¡denúncialo!

Puedes acudir a los Centros de Orientación y Denuncia, dependientes de la Fiscalía General de Justicia del Estado, en donde una Agente del Ministerio Público Orientador recibirá tu denuncia. Aquí encontrarás su ubicación.

Si necesitas asesoría para ello y podemos ayudarte no dudes en solicitarla a

Pbro. Pedro Pablo González Sias

Promotor de justicia

Tel. 1158 2450

Correo electrónico tuteladelmenor@iglesiademonterrey.com

Recuerda que no es responsabilidad nuestra investigar o decidir, ni intención nuestra interferir con la justicia, pero con gusto te orientamos a hacer tu denuncia y buscar que la justicia resplandezca.

En el fuero canónico

Como Iglesia, no podemos olvidar que el derecho penal forma parte de la misión salvífica de la Iglesia. Así, su objetivo está señalado en el c. 1341 del Código de Derecho Canónico: la reparación del escándalo, el restablecimiento de la justicia y la enmienda de quien ha cometido un delito.

Cuando denuncias a alguien que ha cometido un delito canónico ayudas a la sociedad eclesial a que se restablezca el bien y el orden público y a la persona que ha delinquido le proporcionas un auxilio en su camino de conversión.

Llama o acude cuanto antes a

Pbro. Pedro Pablo González Sias

Promotor de justicia

Zaragoza 1100 Sur, Centro, Monterrey, N.L., CP 64000

(a un costado de la Catedral)

Tel: 1158 2450

o bien escríbenos a

tuteladelmenor@iglesiademonterrey.com

Tu denuncia no le hace mal a la Iglesia, la beneficia;

tu denuncia no traiciona a nadie, lo auxilia;

menores y adultos vulnerables son una prioridad:

los amamos y juntos los tutelamos mejor.

Recepción de la denuncia

Cuando como clérigo, miembro de la vida consagrada, empleado o voluntario alguien te presenta una denuncia de un posible delito contra menores de edad o adultos vulnerables cometido en ocasión de nuestro culto o en nuestras instalaciones es necesario que como asociación religiosa notifiquemos a la autoridad competente.

A continuación, encontrarás un formulario que te ayudará a recopilar la información mínima necesaria para apropiadamente informar al Ministerio Público en cumplimiento del artículo 12 Bis de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público.

Te pedimos llenarlo lo más completo posible y, en la medida de lo posible, con copia de los documentos ahí señalados.

Aunque no es obligación, por nuestro compromiso con la justicia, aunque las circunstancias de los hechos posiblemente delictivos sean otros, es decir los hechos no hayan sucedido en ocasión de nuestro culto o en nuestras instalaciones, por el simple hecho de tener noticia de un probable delito, sin difamar a las personas, informaremos de ello a la autoridad competente.

Recepción de la Denuncia
Invitación a denunciar

Una de las normas procesales cuando como Iglesia investigamos un posible delito contra el sexto mandamiento del Decálogo cometido por un clérigo contra un menor de edad (en otras palabras, un abuso sexual de un clérigo contra un menor) es el secreto pontificio.

Este secreto es una garantía que se respetará el derecho a la buena fama que cada persona tiene y se permitirá que sea actúe con justicia conforme a derecho, sin presión de ningún otro tipo (v.gr. mediática).

Sin embargo, este derecho jamás puede ser interpretado como una prohibición de informar a los legítimamente interesados en conocer la cuestión: padres o tutores de los menores involucrados y las autoridades competentes.

Así, cuando alguien informa, en cualquier momento, de un posible hecho delictivo contra menores debe ser motivado a presentar su denuncia o al menos informar lo que conoce a la autoridad competente y es conveniente dejar constancia de esta acción con el modelo que a continuación se presenta.

Invitación a denunciar
Constancia del conocimiento de las normas

Para el recto funcionar de la justicia es conveniente que todos los miembros de una sociedad conozcan el derecho que los rige.

Así, para nosotros como Iglesia local es importante que la sociedad en general, por nuestro compromiso con la transparencia, conozca nuestra manera de actuar en la tutela de los menores. Pero es una obligación comprobar que quien será sujeto de estas normas las conozcas, por esto todo clérigo, miembro de la vida consagrada, empleado y voluntario de nuestra Iglesia deberá dejar constancia de que conoce y ha comprendido estas normas.

 

Constancia Normas de conducta para clérigos y religiosos

Constancia Normas de conducta para empleados y voluntarios