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No. 3/2019
Prot. No. 89/2019
8 de Febrero de 2019

Circular

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A TODO EL PUEBLO DE DIOS QUE PEREGRINA EN MONTERREY, ¡PAZ Y BIEN!


“A un obispo le puede faltar la mitra, el báculo o la catedral,

pero lo que no le puede faltar es el Seminario”

San Rafael Guízar y Valencia


Estimados hermanos:


Para todos nosotros, como se ha afirmado en el último Sínodo de los Obispos, es claro que la vocación al ministerio ordenado es necesaria para la vida cristiana, volviéndose de vital importancia para la Iglesia dedicar una especial atención al acompañamiento y formación de los candidatos al presbiterado y al diaconado (cf. Documento final del Sínodo de los Obispos, 89). Esto se realiza de forma especial en el seminario de cada Iglesia local.


Por ello, una de mis ocupaciones principales, que comparto con ustedes pues somos una sola familia, es tener un seminario sólido y a la altura de nuestros tiempos y de nuestra Iglesia local. No solo no puede faltar el Seminario en nuestra Iglesia, como certeramente ha afirmado San Rafael Guízar y Valencia, además debe ser una institución apropiada para formar a los pastores que necesitamos al brindarles una verdadera experiencia de encuentro y diálogo con Dios sin olvidar prepararlos al mundo de hoy.


La vocación al ministerio ordenado es un camino de vida que, como todas las vocaciones, implica la escucha y el reconocimiento de la iniciativa divina en una experiencia personal de oración y reflexión que conduce a una comprensión progresiva del camino de santidad que se abrazará, apoyados por el acompañamiento paciente y respetuoso de la Iglesia (cf. Documento final del Sínodo de los Obispos, 77).


Debemos, pues, estar al lado de nuestros seminaristas orando por ellos para que la voz del Señor, en medio de su vida cotidiana de formación, sea clara y puedan responder con total libertad a la pregunta sobre si este camino para alcanzar la santidad es lo mejor para su vida y para el bien de la Iglesia. La experiencia del seminario es, pues, una experiencia personal y constante de encuentro con Dios que podemos fortalecer cuando oramos constantemente por las vocaciones al ministerio ordenado.


Por otro lado, la vivencia del encuentro con Dios en este camino vocacional implica renuncia a situaciones muy válidas y comunes para todos los jóvenes: el amor personal que lleva a entregarse a una persona específica, la búsqueda de la ciencia humana, la renuncia a la consecución y acumulación de bienes, etc. No es fácil para el joven seminarista ver como sus amigos realizan muchas de estas cosas, mientras él, preguntándose ante Dios si el ministerio ordenado es su camino para ser santo y feliz, renuncia a ellas. Ante esto, es importante que, además de la oración constante, ofrezcamos por los seminaristas pequeños sacrificios que los fortalezcan en los momentos de debilidad o dudas, para que saliendo de esos momentos puedan tomar las mejores decisiones en su andar vocacional.


La vocación al ministerio ordenado exige una buena preparación de aquellos que aspiran a entregarse a Dios y a la Iglesia en este camino. Nuestros seminaristas, así como nuestros clérigos, no se pueden quedar, en su propio estilo de vida, al margen del desarrollo de nuestra sociedad a fin de contar con herramientas eficaces, que se unan a la oración por el pueblo de Dios, para desaparecer las injusticias, vicios, delitos y pecados que constantemente encontramos. Una sociedad desarrollada en la que abundan los pobres; una sociedad educada en la que aún hay personas sin formación académica; una sociedad integrada en la que los migrantes batallan para encontrar un lugar; una sociedad madura que exige análisis para seguir impulsándola como sociedad terrena y como pueblo de Dios que se encamina al cielo. Por esto, además de la oración y de los sacrificios es necesario brindar nuestro apoyo para que la educación de los seminaristas sea integral y eficaz.


Es en todo este contexto que, como lo hacemos año con año, celebramos el Día del Seminario: una jornada de varios días (del 09 de febrero al 03 de marzo) dedicada a la oración, al sacrificio, a la reflexión y al apoyo material en beneficio del fortalecimiento y crecimiento de las vocaciones al ministerio ordenado en nuestra Iglesia.


Invito a todos los fieles a orar constantemente por estas vocaciones, sin cesar y sin perder la esperanza de que el Señor enviará abundantes operarios a su mies. Los invitos a todos a fortalecer a nuestros seminaristas ofreciendo por ellos pequeños sacrificios.


En especial invito a los fieles clérigos, sacerdotes y diáconos, a predicar durante los domingos de esta jornada sobre la belleza de esta vocación, contando la propia experiencia de vida y permitiendo que cuando los seminaristas visiten las comunidades puedan compartir su propia experiencia en un momento que parezca conveniente. Debemos hablar con alegría de nuestra vocación para que despertemos en los jóvenes la inquietud de una vida feliz en este camino de realización personal y servicio a la Iglesia y la humanidad toda.


Como actividades de oración y reflexión tendremos:


Del 24 de febrero al 03 de marzo Semana de oración por las vocaciones sacerdotales


03 de marzo Retiro Vocacional Sacerdotal


Además, les hago saber que los seminaristas realizaran la tradicional Colecta del Día del Seminario:


09 - 10 de febrero Colecta en los cruceros;


16 - 17 de febrero Colecta en las zonas pastorales I, II, III, IV, V, VI;


23 - 24 de febrero Colecta en las zonas pastorales VII, VIII, IX, X, XI, XII y XIII.


Estimados hermanos, oremos por la perseverancia y aumentos de las vocaciones al ministerio ordenado, en especial las de nuestro seminario; fortalezcamos a quien se pregunta legítimamente el llamado a esta vida de servicio con nuestros propios sacrificios; y generosamente contribuyamos con Aquel que no se deja ganar en generosidad a la adecuada preparación de nuestros seminaristas.


Asegurándoles que, por la gracia de Dios y sus muestras constantes de amor sincero, soy feliz en esta vocación que libremente he abrazado para servirlos, y seguro de que quien la abrace también podrá ser feliz si lo hace con entrega total, me encomiendo a sus oraciones al tiempo que, como padre y pastor, los confío a la intercesión de Nuestra Señora del Roble.