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No. 13/2004
Prot. No. 151/2004
24 de Marzo de 2004

Circular

A TODOS LOS PÁRROCOS, RECTORES DE TEMPLOS Y SACERDOTES DE LA ARQUIDIÓCESIS DE MONTERREY, PAZ Y BIEN.

Muy estimados Padres:

1. En los últimos meses se han recibido múltiples solicitudes de parte de parejas de novios con la intención de que se les autorice celebrar su matrimonio fuera del templo parroquial, esto es, que sea en una quinta, jardín o un lugar de eventos sociales.

Notamos que este tipo de peticiones van en aumento y, lamentablemente, en ocasiones vienen avaladas por algún sacerdote.

2. Estamos enterados que se han realizado celebraciones de matrimonios, primeras comuniones y bautismos, fuera de templos, porque aparecen en los medios sociales de comunicación impresa, pero no contaban con autorización alguna. Esto va en detrimento del sentido eclesial expresado en la vida de la comunidad parroquial y se puede prestar a abusos que llegaran a atentar contra la dignidad del sacramento o a que se vean puramente como un acto social y se propicie una especie de competencia de clases. Además de que esto confunde a los fieles, pues perciben que se hace acepción de personas, creyendo que a unos sí se les concede el permiso y a otros se les niega.

3. Ante esta situación que se viene presentado en la Arquidiócesis, y de acuerdo a la Exhortación Apostólica "Pastores gregis" que dice: "Dada la importancia que tiene la correcta transmisión de la fe en la santa liturgia de la Iglesia, el Obispo deberá vigilar atentamente, por el bien de los fieles, que se observen siempre, por todos y en todas partes, las normas litúrgicas vigentes. Esto comporta también corregir firme y tempestivamente los abusos, así como excluir cualquier arbitrariedad en el campo litúrgico" (No. 35), por ello, queremos dar indicaciones que ayuden a formar conciencia, primeramente a los presbíteros, como pastores y guías de la comunidad de fieles y al mismo tiempo contar con criterios para estos casos, ya expuestos en el mismo Derecho Canónico, teniendo en cuenta que estas normas al mismo tiempo que nos vinculan como Iglesia, nos garantizan que los sacramentos no queden al arbitrio de lo que cada uno quiera hacer.

4. Los matrimonios se han de celebrar en la parroquia donde uno de los contrayentes tenga su domicilio o cuasi domicilio (Cn. 1115), o en alguna otra parroquia o templo abierto al culto público, efectuándose los trámites de traslado a la parroquia correspondiente. La recepción en la parroquia de documentación proveniente de otra Diócesis (Presentaciones, Exhortos, Cartas de traslado, etc.), deben pasar por la Oficialía de Matrimonios para obtener el "Nihil Obstat". Igualmente el envío de tal documentación a otras jurisdicciones parroquiales de una Diócesis ajena. A tenor del c. 903, al aceptar sacerdotes para celebraciones que no son de la Arquidiócesis, asegurarse que cuenten con su identificación y licencias ministeriales vigentes.

Llama la atención el que se ponga de moda ir a contraer nupcias a otros lugares, especialmente turísticos, donde no existe ninguna relación litúrgica o de devoción de parte de los interesados. Corresponderá a los párrocos orientar a los que lo pretendan. En cualquier caso al párroco de la tramitación canónica le debe constar en qué lugar (templo, jurisdicción parroquial, fecha, población, Diócesis, párroco) se va a realizar.

Los matrimonios mixtos y aquellos que por exigencias de  discreción, siendo la parroquia el lugar propio, podrían celebrarse en otro lugar conveniente, contando con la autorización previa del Ordinario (cfr. c. 1118); lo mismo que matrimonios con dispensa de disparidad de cultos. Otras circunstancias como excepción, deberán ser siempre autorizadas por el Ordinario del lugar (c. 1118, §2), sopesadas las razones pastorales y no basta el amor a la naturaleza, el afecto por un lugar o la comodidad de unir la celebración del matrimonio y el evento posterior, para que se considere como excepcional. 

Todo esto para favorecer que los matrimonios se celebren en la propia comunidad parroquial, pues es allí donde se desarrolla normalmente la vida cristiana.

5. En cuanto a los bautismos, como norma general, deben celebrarse en la Iglesia parroquial propia (cfr. c. 857, § 2). Fuera del caso de necesidad, no debe administrarse el bautismo en casas particulares, a no ser que el Ordinario del lugar lo hubiera permitido por causa grave (c.860, § 1), lo mismo que en hospitales (cfr. c. 860, § 2)

Se han dado casos en que algunos sacerdotes administran el sacramento del bautismo fuera de un templo y el lugar no está dentro de su jurisdicción parroquial; luego asientan la partida en los libros de la propia parroquia, contraviniendo lo que dice el canon 862: “ ...a nadie es lícito bautizar en territorio ajeno sin la debida licencia, ni siquiera a sus súbditos”,  exceptuado, claro está, el caso de necesidad (peligro de muerte)

6. Contando con las normas canónicas como base, disponemos para nuestra Arquidiócesis de Monterrey, que los sacramentos del matrimonio y del bautismo, se administren en los templos abiertos al culto público, preferentemente en la parroquia a cuya jurisdicción pertenecen, evitando así elegir lugares como capillas u oratorios privados, quintas, jardines, casas particulares o lugares de eventos sociales; y teniendo en cuenta el c. 932, que prescribe que la celebración eucarística se celebre en lugar sagrado, no es aceptable que Primeras Comuniones, Ceremonias de XV años, Graduaciones y Aniversarios se realicen en tales lugares.

Queda reservado al Ordinario y a los Vicarios Generales, otorgar los permisos para matrimonios fuera de templos, y otros sacramentos, en los casos excepcionales.

7. Al presentar estos criterios, queremos que sea un inicio de respuesta a una de las líneas pastorales visualizadas por el I Sínodo Diocesano, en el número 314: “Reglamentar litúrgicamente la práctica sacramental de las misas rituales, de los bautismos, primera comunión, bodas, XV años, aniversarios, graduaciones, exequias, etc.”, así como un impulso para establecer "un reglamento litúrgico diocesano para la práctica sacramental de las misas rituales" (Plan Diocesano de Pastoral Orgánica, 144.1)

8. Confiamos en que estas ordenaciones pastorales, disciplinares y prácticas, serán bien recibidas por todos, y servirán para dar orientación a los fieles que se acercan a los sacramentos, siendo los signos y medios con los que se expresa la fe, se rinde culto a Dios y se realiza la santificación de los hombres, y por esta razón, tanto los ministros como los demás fieles deben comportarse con grandísima veneración y con la debida diligencia al celebrarlos (cfr. c. 840)

Dado en la Sede del Arzobispado de Monterrey, a los 24 días del mes de marzo del Año del Señor 2004.