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No. 06/2017
Prot. No. 236/2017
10 de Abril de 2017

Circular

A TODA LA IGLESIA QUE PEREGRINA EN MONTERREY: ¡CRISTO HA RESUCITADO, VERDADERAMENTE HA RESUCITADO!

Muy queridos hermanos y hermanas en el Señor:

En estos días, el anuncio de la tumba vacía y las primeras presencias de Cristo resucitado entre sus discípulos incendian nuestra fe, llenan de fuego nuestro corazón y renuevan nuestras vidas. La resurrección de Cristo nos llama a ser sus testigos en el mundo, con nuestra palabra pero sobre todo con nuestra vida.

Cristo ha resucitado, y de este modo, ha renovado todo en Él: nuestra capacidad de amar, nuestro modo de vivir ese amor en hechos concretos; nuestro modo de compartir la vida y nuestra atención a los más pobres. Con su resurrección, Cristo está junto a nosotros en nuestros esfuerzos, en cada acto de nuestra vida, y nos permite compartir nuestro día a día completamente con Él a través del amor a nosotros mismos y a nuestros hermanos.

Quisiera que este anuncio de la Pascua llegara a todos en nuestra sociedad: especialmente a las familias de Monterrey, a las empresas, a las fábricas, a las comunidades cristianas, a aquellos que han perdido la esperanza o la fe. Que cada persona se sienta llamada a renovarse en Cristo resucitado y amar con la misma intensidad que Él ama. Él viene a ofrecerles la misericordia, a incediar los corazones con su amor y darles la seguridad de su presencia. Cristo resucitado convierte la familia en una escuela de amor, que nos mueve a salir de nosotros mismos para estar en constante encuentro entre nosotros y con otras familias; nos convierte en una comunidad misionera de creyentes comprometidos, disipa el miedo y alimenta la fe.

Como Iglesia, Cristo resucitado nos acompaña y nos guía en nuestro esfuerzo pastoral por favorecer la espiritualidad personal y familiar que se alimenta de la relación con Él; en nuestro esfuerzo por promover el desarrollo integral de la persona que tiende a Él como modelo e ideal; en nuestro esfuerzo por impulsar la integración familiar que hace de la familia una verdadera comunidad de creyentes que viven en el amor; en nuestro esfuerzo por atender a las familias necesitadas repartiendo la fe, la esperanza y el amor que se sostienen en Cristo Resucitado.

Cristo resucitado, además, nos enseña a ver el mundo con misericordia, con la mirada amorosa de Jesús que se sitúa en medio de sus discípulos y les dice “paz a ustedes”. Cristo, en sus apariciones después de la resurrección, no se limita a afirmar su amor, sino que lo hace visible, tangible. Como enseña el Papa Francisco: “el amor, después de todo, nunca podrá ser una palabra abstracta. Por su misma naturaleza es vida concreta: intenciones, actitudes, comportamientos que se verifican en el vivir cotidiano” (Misericordiae Vultus, 9). Ese amor se convierte en misericordia, que es el modo como Cristo Resucitado se acerca a la debilidad humana. Y esa misericordia divina se hace elemento indispensable para plasmar las relaciones mutuas entre los hombres, en el espíritu del más profundo respeto de lo que es humano y de la recíproca fraternidad. Nuestra Arquidiócesis quiere acoger esa misericordia y traducirla en una pastoral orientada a servir y acoger a todos, especialmente a los abandonados por la sociedad.

Ya que cada cristiano está llamado a ser testigo de Cristo y “testigo de su Resurrección” (Hechos 1, 22; cf. 4, 33), al “haber comido y bebido con Él después de su Resurrección de entre los muertos” (Hechos 10, 41), todo nuestro esfuerzo pastoral debe estar imbuidos de este deseo de anunciar la resurrección, de este noble deseo de ser testigos de Cristo resucitado viviendo la misericordia. Nuestra vida cristiana es una vida alegre en la esperanza, con la convicción de que, en Cristo, hemos superado la muerte, el dolor y el mal en el mundo. Si Él ha vencido, nosotros hemos vencido en Él.

Hermanas y hermanos queridos, les deseo que esta Pascua sea un período muy feliz en el que pongamos a Cristo en el centro de nuestras vidas, que no sea sólo un personaje histórico lejano, sino Dios hecho hombre que ha renovado todo y ha dado un sentido sobrenatural a la vida humana. Aprendamos que la enseñanza de la resurrección es la victoria sobre la muerte, y que muriendo a nosotros mismos viviremos en Él y con Él.

Dado en la sede del Arzobispado de Monterrey, a los 10 días del mes de abril de 2017.