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Prot. No. 140/2017
1 de Febrero de 2017

Mensaje

A TODA LA IGLESIA QUE PEREGRINA EN MONTERREY: ¡PAZ Y BIEN!

Muy queridos hermanos y hermanas en el Señor:

La Iglesia, en su sabiduría inspirada por la acción del Espíritu Santo, ha establecido el tiempo de la Cuaresma como un tiempo propicio para intensificar la vida espiritual a través de los medios santos de la oración y la limosna (Cf. Papa Francisco, Mensaje para la cuaresma 2017).

Para invitar a la vivencia de la misma, el Santo Padre, meditando el pasaje del rico y el pobre Lázaro (Lc 16, 19-31) señala que tanto la Palabra como el prójimo son un don para el cristiano a través de los que el cristiano renueva su encuentro con Dios.

El Espíritu Santo, que no deja de sorprendernos, ha querido que nuestras orientaciones pastorales correspondan a estos dones de Dios. Desde la promulgación de nuestro plan de pastoral nos hemos propuesto favorecer la espiritualidad personal y familiar centrándola en la Palabra de Dios y atender a las familias necesitadas promoviendo el voluntariado personal, profesional e institucional a favor de las familias necesitadas. Así, la cuaresma se nos presenta como un tiempo propicio para llevar a la acción de manera especial estas dos orientaciones pastorales.

Debemos fomentar en nuestra vida personal, familiar y eclesial la escucha, meditación y vivencia de la Palabra de Dios. Verdaderamente orar, personal y familiarmente, con la Palabra para que sea el centro de nuestra vida. De esta forma podemos prestar oído a la palabra de Dios y no encerrarnos en nosotros mismos; salir al encuentro del prójimo y no despreciarlo o ignorarlo (cf. Papa Francisco, Mensaje para la cuaresma 2017, 3).

En este contexto de salir al encuentro del prójimo y atenderlo, no podemos olvidar que uno de nuestros desafíos como Iglesia y nación es el combate a la pobreza y el fomento de la solidaridad que nos llevan a encontrar al otro, tanto en su persona como en su familia (Cf. Rogelio Cabrera López, La Iglesia comunidad siempre en camino, p. 25). En este sentido, si bien las prácticas penitenciales son un gran recurso espiritual, es importante fomentar la vivencia de las obras de misericordia. Tenemos que realizar una buena catequesis y reflexión, que conduzcan a la acción, sobre las obras de misericordia, tanto corporales como espirituales, como medios de acción para el encuentro con el prójimo (cf. Juan Pablo II, Catecismo de la Iglesia Católica, 2447).

Sin dejar, pues, de lado las practicas de la abstinencia y el ayuno que la ley de la Iglesia Universal nos ha marcado, debemos propiciar un ambiente donde impere la vivencia de la misericordia, que debe adaptarse a las exigencias de las personas y familias de hoy.

Que Nuestra Señora del Roble, patrona de Nuestra Arquidiócesis, proteja y acompañe  a nuestras familias en el camino cuaresmal.