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Febrero 2017

Mensaje Dominical

Nuestro Seminario, la casa en donde se forman los jóvenes que, libremente, han decidido entregar su vida para servir generosamente al pueblo de Dios, es el lugar que tiene una especial importancia para toda la Iglesia. En él, se encuentra fija la mirada amorosa del pueblo, que tiene la esperanza de contar con pastores que le acompañen en su peregrinar espiritual.

Para nuestra Arquidiócesis, es una gran bendición contar con más de 250 jóvenes quienes, acompañados por un equipo de sacerdotes, van discerniendo su respuesta vocacional, por lo que nuestro compromiso, como miembros de la Iglesia, es unirnos en oración, para pedir que la luz del Espíritu Santo les ilumine y que su respuesta sea para el bien de todos.

Actualmente, nuestro Seminario, cuenta con tres casas de formación, ubicadas: una en San Pedro Garza García, en donde se forman los alumnos de primer ingreso (Seminario Menor); la segunda en Allende, N.L. (Curso Introductorio), en la cual los seminaristas viven un año de fortalecimiento espiritual; y la tercera casa (Seminario Mayor), en Juárez, N.L., en donde los alumnos profundizan en los estudios de filosofía y teología.

Todos los seminaristas, complementan su formación académica, espiritual y comunitaria, con el servicio pastoral en las parroquias de nuestra Arquidiócesis, buscando dar especial atención, en comunión con los sacerdotes, a las comunidades más necesitadas, así como en algunas de las pastorales específicas de la Iglesia.

Cada año, dedicamos una semana de oración intensiva, en todas las parroquias y comunidades religiosas, por nuestros seminaristas, particularmente por aquellos jóvenes que tiene en su corazón el deseo de consagrar su vida a Dios en el sacerdocio. Por lo que invito a todos los fieles para que nos unamos en la fe, ofreciendo nuestras plegarias por el aumento y perseverancia de quienes desean ser sacerdotes y por quienes ya viven en el ministerio, sirviendo al pueblo de Dios.

De igual manera, y agradeciendo de corazón la extraordinaria generosidad de todos, les pido sigamos apoyando económicamente a nuestro Seminario, ya que, sin su ayuda, no sería posible sostener esta noble causa.

Soy consciente de la difícil situación que vivimos, y por eso mismo reitero mi infinita gratitud, pidiendo a Dios les multiplique, al ciento por uno, en bendiciones espirituales y materiales, su apoyo y cercanía con nuestro Seminario.